24 mayo 2011

"Oh Musas, oh altos genios, ayudadme"
(Comienzo este blog invocando a las musas, al igual que hicieron ya grandes como Homero, Virgilio, Dante, o Shakespeare, en busca de ayuda ante esta empresa que me propongo realizar)

Bienvenidos todos a mi pequeño espacio dedicado a todo aquello a lo que, siento, el mundo actual dedica apenas tiempo: el arte, la literatura, la poesía, la historia, la filosofía, la belleza, el pensamiento, la educación, la cultura...
Invito a apreciar conmigo una obra de arte, a entusiasmarse con un libro, a emocionarse con un poema, a indignarse ante la decadencia del interés por la filosofía, por la historia, por todo aquello que tanto nos aporta, que nos forma como seres humanos, humanos humanizados, y que poco a poco...tiene menos peso. Y lo dice una joven de 17 años, con apenas experiencia quizá, pero que siente la impotencia de como su generación se forma en la apatía y la ignorancia, en un sistema educativo que debería llamarse tan sólo sistema, sin educativo, en un mundo en el que las letras, las humanidades...tienen un futuro incierto, lo dice una joven que ve como las aulas de Historia, de Arte, de Filosofía, de Filologías, etc, se quedan paulatinamente vacías, que se siente morir en una sociedad deshumanizada, donde lo único que importa es todo aquello que dé resultados inmediatos. 

Tengo la esperanza, la humilde esperanza, de estar terriblemente equivocada.

No encuentro mejor manera de comenzar que deleitándonos con un discurso de Lorca que no viene si no a tratar mi presentación, pero él con palabras más acertadas y expresándolo mucho mejor de como yo pudiera hacerlo jamás.

Discurso de Federico García Lorca al inaugurar la biblioteca de su pueblo. Septiembre 1931

Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.
Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan, que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.
Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.
Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.




2 comentarios:

  1. Enhorabuena, Irene. Seguiré tu blog con interés.Es una alegría conocer jóvenes con tu talento y curiosidad. Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Gran discurso el de Lorca. Te sigo.

    ResponderEliminar